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Edmundo Arreguín: mago de la luz
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Manuel
Yrízar

Opinión. Para el maestro Mundo no había problema
irresoluble. Conocía de memoria todos y cada uno de los secretos de la
iluminación teatral
La mañana del 14 de diciembre encuentro en la penúltima
página del periódico la esquela de la muerte del maestro Mundo. No es más que
un escueto comunicado del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el
Instituto Nacional de Bellas Artes. Murió Edmundo Arreguín. Técnico iluminador.
No he tratado, jamás, persona más amable y dulce que el
maestro. Lo conocí en 1980, hace ya más de 25 años, cuando empecé a grabar
las funciones de ópera para el Canal 11 de televisión. Contábamos entonces
con tres unidades móviles.
Cada unidad móvil estaba constituida por un camión grandote
con tres cámaras, consolas de audio y video, micrófonos, lámparas, cables. A
la ópera, casi siempre le tocaba ir a la unidad Tláloc. Las otras dos también
tenían nombres en náhuatl: Tonatiuh y Coyolxauqui.
Mis primeras experiencias grabando óperas no fueron
fáciles. Recuerdo especialmente una Tosca, de Puccini, dirigida escénicamente
por el maestro Claudio Lenk. La cantaban Guillermina Higareda, Alfonso
Navarrete y Gustavo Escudero. La escena era muy oscura. El acto II,
particularmente. Sólo tres velas sobre la mesa donde despachaba y cenaba
Escarpia. "¡Si tres velas hay, tres velas se quedan!", sentenciaba
Lenk, pedante y pretencioso. "El público de la sala merece
respeto".
"También el que la verá por televisión", le
replicaba yo. Nada lo hizo cambiar de parecer. Aun subiendo lo más posible el
control de video, castigando las cámaras al máximo, no era suficiente la luz.
Sin embargo, oscura y todo, existe esa grabación histórica.
Mi lucha con los directores de escena, ya desde entonces,
para que iluminaran conforme a los requerimientos del medio audiovisual, fue
casi siempre "cuerpo a cuerpo". Grande fue mi necedad hasta lograr
que una función, casi siempre la del jueves, fuera iluminada. Elena Marsans
recuerda que fue ella la primera en decirle al maestro: "Mundo, hoy
viene la televisión con el latoso de Yrízar. Tendremos que cambiar la
luz".
Antonio López Mancera -gran escenógrafo también, difunto
ya- le dijo un día a Edmundo
Arreguín: "Dale a Yrízar la luz que necesite, pero que no le dé en la
torre a la función". Era la luz verde. A partir de entonces, contaríamos
con una función para televisión. Llegábamos con las cámaras al teatro y
teníamos una sesión especial para iluminar conforme nuestros requerimientos y
necesidades.
A veces estaban presentes los directores de escena,
supervisando ese trabajo. Luego de que se dieron cuenta de que éramos
respetuosos de su concepción dramática, nos dejaban trabajar sin su
presencia. Quien nunca faltó fue el maestro Edmundo Arreguín, mago de la luz.
No había problema que no resolviera. Conocía de memoria
todos y cada uno de los secretos de las luces del teatro. Se sabía todas las
lámparas, todos los circuitos, todas las posibilidades, y siempre tenía una
idea feliz para que la luz se hiciera. Fiat lux.
Todavía estuvimos con él en los ensayos de El murciélago,
de Strauss. Desde que se inauguró el teatro del Palacio de Bellas Artes, el
maestro Edmundo
Arreguín estuvo allí. Hasta ayer en la noche, en que fue velado en el foro.
Ya no pude acompañarlo. Todas las funciones de ópera tienen su luz. Quedaron
grabadas. Siempre le daba su crédito: Iluminación: Edmundo Arreguín.
Así aparece en muchísimos programas. Brille para él la luz
perpetua.
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Manuel Yrízar Rojas dijo
Este artìculo EDMUNDO ARREGUÍN: MAGO DE LA LUZ lo escribì cuando me enteré de su partida física de este mundo. Lo publicó el periódico REFORMA.
Este mes de diciembre de 2007 se cumple el primer aniversario de su deceso. Lo posteo aquì en su memoria y como un Homenaje. Se lo dedico a la maestra ELENA MARSANS, tambien iluminadora, y queridísima amiga de muchísimos eventos. Con el maestro Mundo ella y yo compartimos incontables horas la creaciòn de la luz. Que en gloria de dios este el querido Edmundo Arreguín.
18 Diciembre 2007 | 01:04 AM